Cómo evito que mi talismán rectangular electrónico me convierta en Gollum
Minimalismo digital a la luz del cristianismo (con gifs)
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Luego de que el Anillo Único llegó a manos de Bilbo Bolsón, el personaje de El Hobbit y El Señor de los Anillos, su vida no volvió a ser la misma.
El anillo, su atractivo y poder, poco a poco tomó posesión de él. Le brindaba cierta sensación de seguridad y deleite adictivo, a tal punto que Bilbo no podía «descansar» sin sentir la joya en su bolsillo.
Este hobbit corría el riesgo de convertirse en otro Gollum, alguien consumido por el anillo único, su «tesoro».1
Puedo imaginarlo dándole un vistazo al anillo junto al despertar, antes de dormir, mientras caminaba o comía... A veces necesitaba revisarlo solo para ver si estaba a salvo y seguía allí con él.
Bilbo podía pensar que tenía al anillo en sus manos, pero en realidad era el anillo lo que lo tenía a él.
Por eso me pregunto qué diría sobre nuestros teléfonos inteligentes, y si nos viera apegados a ellos casi como él estaba apegado a su anillo.
Sabemos lo que se siente acudir a nuestro teléfono constantemente, incluso para hacer «nada» simplemente viendo la pantalla y haciendo «scrolling» en aplicaciones.
También cuando estamos aburridos y sentimos que nos estamos perdiendo algo importante y queremos ver qué hay de nuevo en redes sociales.
Solemos revisar el teléfono solo para ver si tenemos alguna nueva notificación en nuestras redes y nos decepcionamos cuando no hay ninguna. Es algo que hacemos sin pensar bien en lo que hacemos.
Como si anduviéramos en «piloto automático».
Como si en vez de usar nuestros teléfonos, ellos nos usaran.
Lee más sobre cómo entender y usar nuestras redes sociales y teléfonos con sabiduría bíblica, en mi libro Espiritual y conectado.
Cuando empecé a dejar mi teléfono en casa más seguido, sentía que dejaba una herramienta poderosa que podía ayudarme mucho con sus apps instaladas.
También sentía como si dejara algo que me ayudaba a cubrirme de la realidad que tenía en frente cuando quería escaparme del momento frente a mí.
Ya no tenía un teléfono a la mano que me prometiera acceso inmediato a cualquier cosa para entretenerme y aislarme de un rato tedioso o incómodo.
Me sentía como salir sin abrigo para refugiarme.
Suena casi ofensivo admitir que nuestros ojos y dedos son atraídos constantemente a nuestros teléfonos como un perro es atraído a un hueso arrojado a sus pies. Pero ya nuestra cultura por fin entiende que nuestros teléfonos representan una tentación inmensa para nosotros.
Nos atraen con la promesa de darnos un acceso inmediato a un montón de cosas que pueden resultar atractivas para nosotros, en especial con el uso de redes sociales, los sitios de noticia, el streaming y los videojuegos.
Nos parecemos mucho a Bilbo en su entrega al anillo.
Otra forma de ilustrarlo: el filósofo cristiano James K. A. Smith ha escrito que, si mañana un grupo de marcianos aterrizara en nuestro planeta para investigarnos, ellos podrían interpretar nuestra postura encorvada frente a nuestros teléfonos como una especie de devoción religiosa a algún talismán electrónico.
***
Mientras en mi publicación anterior aquí compartí lecciones generales para usar nuestros teléfonos con sabiduría, a la luz de la Biblia, en este artículo haré algo que, curiosamente, nunca he hecho antes.
Responderé a la pregunta que recibo frecuentemente de lectores y en conferencias que doy sobre cómo usar la tecnología con sabiduría: ¿cómo uso mi teléfono —de manera práctica y concreta— en mi día a día sin permitir que sea él quien me use a mí?
Es decir, ¿cómo trato de mantener a raya la influencia del Anillo en mi vida para que no me convierta en Gollum?
Suena irónico hablarlo de esa forma porque una de las lecciones más valiosas de Tolkien en El Señor de los Anillos es que el anillo y lo que representa (tentación, pecado, idolatría, control, etc.) no es algo para tratar de manejar con sabiduría.
Es algo para arrojar al fuego. Es algo para apartar de ti y lanzarlo a las llamas del infierno de donde salió.
¡Pero miserable de mí! ¿Quién me libertará de este teléfono de muerte? Aunque he fantaseado con la idea de volver a un teléfono tonto, por ahora no lo veo ni razonable ni práctico para mí, pues lo que menos quiero es tener más dispositivos que cuidar y llevar conmigo.
En este lado de la eternidad, mientras permanezco en este mundo caído, parece que necesitaré un teléfono inteligente para poder sobrevivir en esta sociedad:
Necesito la app de mi billetera virtual para hacer compras en mi día a día cuando no tengo dinero en físico.
Necesito la app de mi banco en el teléfono para poder entrar a la plataforma en línea del banco en mi laptop (lo cual no tiene sentido).
Necesito la app de la cadena de estaciones de combustible para el auto, para tener descuentos y pagar muy caro la llenada de mi tanque (en vez de pagar demasiado caro).
Necesito la app del estacionamiento público en mi ciudad para poder estacionar mi auto en la calle y pagar por ello sin recibir multas.2
Necesito la app de la cadena de supermercados cercana a casa para poder tener descuentos que en realidad son imaginarios porque los precios normales están inflados para hacer atractivos los descuentos con la app.
Necesito la app de nuestro seguro médico para obtener un token de verificación siempre que alguien en casa va al médico.
Y cuando estoy en otra ciudad, sin Google Maps soy como Gandalf en Minas Moria.
¿Y qué decir de cómo, para comunicarme con casi todo el mundo, necesito usar esa red social en la que se ha convertido WhatsApp, esta plataforma infernal que socava nuestra privacidad, porque casi nadie usa Signal u otras alternativas?
Aunque WhatsApp tiene sus utilidades y hasta puede ser una bendición para estar en contacto con algunas personas, especialmente familiares e iglesias, a veces imagino que Dante retrataría algún nivel del infierno como estar ahogado en grupos de WhatsApp inútiles y que mantienen el alma distraída.
La verdad es que la app que menos uso de mi teléfono es… la app de teléfono.
Pero ahora déjame hablarte de las apps que sí me gustan y por las que alabo al Padre celestial por mi teléfono.
Todoist es indispensable para ordenar mi día. La uso para casi todo desde hace años. En la app, mi «karma» es tan alto que tengo un lindo recordatorio de que soy «experto en los secretos de productividad del universo».
Al mismo tiempo, luego de más de una década probando apps de notas y productividad, casi todo en mi vida lo anoto desde hace un par de años en Apple Notes. Es lo mejor del mundo y se sincroniza de maravilla.
No exagero si digo que parte de mi vida se resume en aprender el significado de este meme que no sé quién creó:
Aunque se puede hacer un buen argumento de cómo las cámaras en los teléfonos han «abaratado» el valor de las fotografías que tomamos, y podemos hablar de lo mucho que hemos perdido al abandonar la fotografía análoga, la cámara de mi teléfono resulta indispensable para mí como papá cuando salgo con mis hijos: nos sirve para capturar recuerdos y momentos.
Además, aunque me desagrada cómo la app Biblia de YouVersion se ha vuelto en parte una red social y tiene muchas distracciones, allí está la Biblia en audiolibro gratuito en un montón de versiones. Me sirve un montón para escuchar una y otra vez libros enteros de la Biblia mientras estoy en el auto y estoy en el proceso de preparar alguna prédica.
¿Y qué decir de Apple Music? De nuevo, se puede hacer un argumento muy válido (y con el que estoy de acuerdo) sobre cómo el streaming arruinó en general la experiencia de escuchar música y ha traído un daño enorme a la industria y ha incentivado el auge de contenido en vez de música de verdad.
Pero prefiero un millón de veces la experiencia en Apple Music, más similar a una biblioteca musical, que en Spotify, donde reina el algoritmo y todo es más una red social. Ni hablar de otros problemas de Spotify, como el auge de slop y la intromisión de podcasts y videos.
Escucho tanta música todos los días que pudiera decir que la mayor parte del tiempo mi teléfono en realidad es un iPod glorificado… como era la intención original de Steve Jobs.
Entonces, allí el dilema: un talismán rectangular electrónico con potencial para convertirme en Gollum por diseño… pero también increíblemente útil.
¿Cómo evito que me corrompa?
La razón por la que no me gusta ser específico en cómo uso mi teléfono (y en este escrito todavía no he respondido la pregunta, aunque prometo hacerlo abajo) es la misma por la que no suelo dar detalles de cómo llevo adelante mi vida devocional.
Sospecho que la mayoría de las personas que me preguntan al respecto quieren una lista detallada de cosas que ellos también deben hacer. Y una de las razones por las que las listas así nos atraen es porque, aunque son útiles y pueden ser un primer paso para crecer en sabiduría, seguirlas suena más fácil que pensar más profundamente sobre por qué y cómo usamos nuestros teléfonos de la forma en que lo hacemos.
Lo cual me lleva a una razón más profunda sobre por qué no suelo ser específico con respecto a cómo uso mi teléfono: me interesa más comunicar las ideas y presuposiciones detrás de lo que entiendo que es un uso sabio de la tecnología. De eso se tratan tanto mi libro Espiritual y conectado como el escrito más corto Levanta tu mirada (disponible gratis).
Este es el punto en el que ahora te hablaré del minimalismo digital… y su insuficiencia (de lo que también he hablado en esos escritos mencionados).
Tal vez ya has escuchado de esto. Se trata de una propuesta cada vez más popular frente a la crisis de atención y esclavitud a nuestros talismanes rectangulares en nuestros días. Es una forma de entender y usar la tecnología, impulsada por autores y pensadores como Cal Newport, Sherry Turkle, Tristan Harris, Matthew Crawford, entre otros. Esta perspectiva representa un bálsamo de razón en medio del mar de caos en nuestra era.
En pocas palabras, es una filosofía ante la tecnología que propone disminuir nuestra dependencia innecesaria de ella. Debemos reconocer los peligros de la tecnología y usarla para aquello que sí es provechoso, si queremos cultivar mejor nuestra atención y vivir vidas más plenas. Es necesario ser intencionales. Esto implica, en algunos casos, no usar una tecnología a menos que sea necesario.
En esta línea, el minimalismo digital sugiere prácticas de sentido común que todos haríamos bien en aplicar y yo también recomiendo. Estas son algunas:
Desactiva las notificaciones innecesarias en tu teléfono.
Vete de las redes sociales que no te ayuden a alcanzar tus objetivos en la vida.
Sé cuidadoso con el tiempo que pasas frente a pantallas, ya sea viendo series, jugando videojuegos o en redes sociales.
No utilices las redes sociales como tus principales canales para mantenerte informado.
Prioriza las conversaciones cara a cara por encima de las aplicaciones de mensajería.
Toma periodos de descanso para hacer actividades manuales, leer buenos libros, compartir con tu familia y disfrutar la naturaleza sin distracciones.
Saca tu teléfono de la habitación donde duermes.
Si puedes, desinstala tus redes sociales del teléfono y entra en ellas solo desde tu laptop o computadora en horarios específicos.
No compres un dispositivo digital si no lo necesitas.
Estos consejos son útiles y necesarios. El minimalismo digital es bueno en sí mismo. Pero sin menospreciar a los impulsores de esta visión de la tecnología —con quienes tengo una deuda enorme—, debemos entender que ella es insuficiente por sí sola y nunca pretendió responder a las preguntas más valiosas sobre nuestra atención.
Por ejemplo, el minimalismo digital dice que debemos cuidar nuestra atención para vivir mejor y no ser gobernados por algoritmos, pero ¿cómo podemos saber qué merece nuestra atención y qué es la buena vida? ¿Cuál debe ser nuestra meta al usar bien la tecnología?
Al mismo tiempo, el minimalismo digital suele ser presentado dentro de un marco secular, una forma de ver la vida que no considera lo trascendente y que piensa que esta vida en la tierra es lo único que hay. Pero si somos el producto de un proceso evolutivo en el que los más fuertes se impusieron sobre los más débiles, ¿por qué sería realmente malo que las grandes empresas tecnológicas y de contenido quieran imponerse sobre nosotros al gobernar nuestra atención?
Si lo trascendente no importa o no es real, ¿de qué sirve cuidar nuestra atención si al final no hay ningún propósito más allá de esta vida, si solo somos como una hoja arrastrada por el viento?
¿Utilizar con prudencia el teléfono o el televisor hará una diferencia cuando estemos a un paso de la muerte?
Uno de mis grandes «descubrimientos» en mi caminar como cristiano fue comprender que el cristianismo no se trata solo de mi relación con Dios, sino de cómo ella afecta todo lo demás y da el sentido a nuestras vidas que otras cosmovisiones no pueden proveer satisfactoriamente.
Si fui creado por un Dios personal para hallar mi mayor deleite en Él, y este Dios me ama a tal punto que se hizo hombre para redimirme de mi necedad y sus consecuencias —por medio de su vida, muerte y resurrección—, entonces yo no solo debo vivir a la luz de esta verdad. Yo quiero hacerlo (Ro 12:1-2).
Por lo tanto, cuando se trata de mi teléfono, mi propósito es usarlo para la gloria de Dios (1 Co 10:31). En adoración a Él. Es decir, reflejando Su bondad, verdad y belleza. Partiendo desde la satisfacción en Él. Que otras personas puedan ver en mí —especialmente mis hijos, mi esposa, mi iglesia, y los no creyentes que me rodean— que Dios es más digno de mi adoración que el teléfono. Que Él es mi tesoro.
Usamos nuestros teléfonos con sabiduría y para la gloria de Dios cuando la gloria de Dios nos importa más que el teléfono.
Esto puede sonar extraño o incluso tonto para un no creyente. Pero la sabiduría declara que todos somos adoradores. Incluso el ateo.
La diferencia está en qué adoramos.
Y la realidad de nuestros días es que el teléfono y lo que nos ofrece se ha convertido para muchos en un ídolo que esclaviza sin que nos demos cuenta.
Además, hay una diferencia entre buscar limitar la influencia negativa que pueda tener el teléfono, con el mero fin de ser más «productivo» y perseguir sin distracciones las cosas que más me importan, y hacer eso mismo pero con el fin de tener descanso real y atesorar lo que en realidad debe importarnos más.
Como dijo Agustín de Hipona: Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti. Y una de las cosas que más nos distraen de descansar en Él es nuestro talismán rectangular electrónico.
Es con todo eso en mente que ahora sí comparto cómo generalmente uso mi teléfono (un iPhone 13 Mini).3 Esta lista no tiene un orden en particular:
Nada de IG, TikTok, Reddit, FB, X, YouTube. Ni siquiera Substack, a donde entro solo desde mi laptop en horarios para eso.
La única red social que tengo en el teléfono es WhatsApp, con las notificaciones desactivadas la mayor parte del tiempo (en las mañanas, horario laboral, y luego de cenar hasta el otro día). Todos los grupos están permanentemente muteados.
Nada de apps de noticias.
Nada de juegos. (Hasta nunca, Clash Royale. No volveré a tu trampa).
Nada de IA. Prefiero mi forma humana y más torpe de hacer cosas. Prefiero conservar mi inteligencia natural y no depender de la IA para lo que sea cuando estoy al teléfono.
Nada de Slack o herramientas de trabajo. Ya paso suficientes horas al día en mi oficina trabajando como para andar llevando la oficina en mi bolsillo.
Nada de notificaciones innecesarias. Mis únicas notificaciones habilitadas a toda hora son en Signal, donde mi único contacto es mi esposa (y es la única persona que puede contactarme allí), y en Todoist para acordarme de cosas que tengo que hacer cuando voy al teléfono.
Suelo usar un fondo de pantalla negro para recordarme que el teléfono es una herramienta.
Aunque tengo la app de Apple Podcasts para escuchar una segunda vez los sermones de mi iglesia, casi no la uso para nada más. Estoy tratando de priorizar los audiolibros en los raros momentos en que no quiero escuchar música. Mi tesis y opinión controversial: la mayoría de los podcasts son una pérdida de tiempo; ideas formadas a medias que consumen tu atención cuando pudieras estar reflexionando en algo mejor formado. Escuchar podcast tras podcast es hacer scrolling con tus oídos.
Desde hace más de cinco años me sirve usar la app Freedom para bloquear permanentemente distracciones en mi teléfono y bloquear la instalación de apps. Incluso tengo bloqueado mi navegador (más sobre esto en breve). Tengo deshabilitada la opción de cancelar sesiones de Freedom, aunque mantengo la opción de introducir una pausa al día de cinco minutos, que uso cuando en verdad necesito entrar rápido al navegador o actualizar una app necesaria (mencionada arriba).
El teléfono no entra a mi habitación, solo entra a mi oficina para temas de trabajo o llamadas, y vive en la cocina conectado a su cargador. Esto es clave. En casa, mi teléfono es la mayor parte del tiempo como uno de antaño que no se mueve de lugar. Sí, es muy inconveniente tener que ir a donde está siempre que necesito hacer una llamada o enviar un mensaje, pero precisamente esta fricción me ayuda a tener una vida más enfocada.
Nada de navegador (a menos que lo habilite durante un break corto de Freedom). Esto puede ser lo más extraño para la mayoría de las personas, pero he notado que tener acceso al navegador para buscar rápido cualquier cosa que me interese, en el momento en que me plazca hacerlo, forma en mí un corazón impaciente. Es una de las formas más sigilosas y perturbadoras en que los teléfonos pueden cambiarnos. Así que ahora, cuando quiero investigar sobre algo, lo anoto como una tarea en Todoist o una nota en Notes y lo busco luego en mi laptop.
Nada de leer artículos en el teléfono. Confieso que en las últimas semanas he fallado en esto. Pero he vuelto a desinstalar la app de Readwise Reader (la mejor app de lectura y guardado de artículos que conozco) para pasar menos tiempo aún en la pantalla. Aunque no se trata de redes sociales, sencillamente no quiero que mis hijos me vean en el teléfono. Lo que hago es dedicar los sábados o domingos una o dos horas a leer en mi tablet los artículos que guardé durante la semana, y hacer esto fuera del alcance de los niños.
Sin embargo, sí mantengo la app de Logos y de Kindle en el teléfono. Para momentos en que estoy esperando algo en la calle, en alguna sala de espera, y por alguna razón no tengo un libro a la mano.
Uso YouVersion solo para escuchar la Biblia en audio en algunos momentos cuando estoy conduciendo o cortando el césped en casa o lavando los platos mientras los niños duermen. NUNCA tengo en mi teléfono mis devocionales o lecturas diarias de la Biblia. Cuando estoy fuera de casa y sin Biblia a la mano, y la necesito para compartir algo con alguien o buscar algo en ella, uso la app Bible Study (de Olive Tree).
Y tal vez lo más importante: evito tocar mi teléfono en las mañanas sin primero tener mi tiempo a solas con Dios y hacer mi trabajo más significativo del día.
Así luce mi teléfono:
Y creo que ya no tengo más nada que decir sobre eso.
Así es como actualmente uso mi talismán, evitando convertirme en Gollum. Por lo general, según Screen Time rara vez mi pantalla está encendida en total más de una hora al día.
Seguro hay cosas para mejorar en este sistema que aplico, pero hasta ahora es lo que me funciona. He experimentado más descanso en Dios desde que hace años empecé a ser más intencional en usar mi teléfono y te recomiendo experimentar con algo como esto.
Te lo advierto: va a ser inconveniente en muchos momentos. Pero valdrá la pena. Y si vienen marcianos a nuestro planeta para investigarnos, hey, posiblemente te consideren el espécimen humano Alpha por no estar todo el tiempo encorvado ante tu talismán electrónico. No lo sé.
Lo realmente importante de buscar no estar encorvado hacia abajo en el teléfono es procurar tener mejor la mirada puesta arriba. Donde está nuestro verdadero tesoro si hemos creído.
Si ustedes, pues, han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Pongan la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque ustedes han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios (Colosenses 3:1-3).
Los primeros párrafos de este artículo están adaptados de mi libro Espiritual y conectado (B&H Español, 2022). Por cierto, todos los enlaces a libros en este artículo son afiliados.
AUNQUE YA PAGO IMPUESTOS EN ESTA CIUDAD.
Digo generalmente porque hay excepciones, como cuando estoy de viaje o mi familia traviesa algunos desafíos.
















A veces quisiera dejar de usar mi teléfono y no tener uno… así pase 6 meses una vez hace 4 años y fue de mucha bendición me dan ganas de volver a hacerlo. También considero que hay quienes no lo necesitan para nada. Quizá por el trabajo (agendar pacientes) o por los usos forzados en algunas situaciones como el banco. Pero creo que pudiera dejar de usarlo. Me has dado grandes ideas… Gracias por este post.
Excelentes consejos. Bendiciones.